viernes, 25 de noviembre de 2016

chistes de americanos



el duro

En un concurso del tío más duro del mundo se presentan varios candidatos y entre todos destacan 3: el ruso, el americano y Paco el bruto.
Las pruebas consisten en matar un oso y hacerlo con una prostituta hasta agotarla.
En esto que sale el candidato ruso, mata al oso en media hora y quince minutos después acaba con la prostituta. El americano mejora el tiempo total en cinco minutos.
Finalmente sale Paco el bruto. Pasa el tiempo y a las cuatro horas aparece todo arañado y sangrando por todos los lados y dice:
- ¿Dónde está la puta que hay que matar?

el alcohol

Un borracho está bebiendo copa tras copa, se le acerca un amigo y le dice:
- ¿Tu no sabes que el alcohol mata a un millón de americanos cada año?
Entonces le contesta el borracho:
- ¿Y qué? Tu ya sabes que yo soy español.

americano y rubia

Un ruso, un americano y una rubia hablan.
El ruso dice:
– Fuimos los primeros en el espacio.
El norteamericano dice:
– Fuimos los primeros en la luna.
La rubia se dice:
– Ah si, pues yo seré la primera en ir al sol.
El ruso y el americano se miraron y dijeron:
-No puedes ir en al sol, te quemarás ¡estúpida!
Luego la rubia dice:
– No soy tonta. Iré por la noche.

el perro


Un chico norteamericano se va a la universidad en los Estados Unidos y a la mitad del primer semestre se le acaba el dinero que le dieron sus padres para ese periodo. Se le ocurre entonces una idea brillante y llama a su padre.
– Papá, no vas a creer las maravillas modernas de la educación en este sitio. Resulta que aquí en mi Universidad tienen un programa para enseñar a hablar a los perros.
– ¿Y cómo puedo hacer para que acepten a Pluto, el perro de la casa?
– Solo envíamelo con $1.000 y yo me encargo de matricularlo.
Así es que el confiado padre envía al perro con los $1.000. Poco antes de acabar el semestre, el muchacho se gasta el dinero de nuevo y decide volver a llamar a su padre.
– Bueno, y ¿cómo le va a Pluto? le pregunta su padre.
– Increíble, papi. Ya habla hasta por los codos, pero ahora resulta que hay otro curso más avanzado, para enseñar a los perros a leer.
– ¡No jodas! ¿Y cómo hago para que entre a ese curso?
– Solo envíame $2.500 y lo matriculo en ese nuevo curso.
Así es que el ingenuo padre le envía el dinero. Al final del curso, el chico se da cuenta que el perro no sabe ni hablar ni leer, así es que le pega un tiro al perro. Cuando llega a su casa al final del semestre, el padre está feliz, esperándolo.
– ¿Dónde está Pluto? Estoy deseoso de escucharlo hablar y leer. Ya tengo separada una revista de animales para que me la lea.
– Papá, no me lo vas a creer. Ya lo tenía todo preparado para el viaje, cuando lo veo acostado en el sofá, leyendo el New York Times, como todas las mañanas. De pronto me dice, “Bueno, ¿y tú viejo se sigue tirando a la pelirroja esa que vive enfrente de la casa?”
Y el padre le contesta:
– Espero que le hayas pegado un tiro a ese perro hijo de puta, antes de que hable con tu madre.
– Claro, papi ¡Eso fue exactamente lo que hice!
– Así se hace, hijo; y le dio un abrazo.
El chico se graduó y se convirtió en un político exitoso.